UN HOMBRE DEL SUR
En el Centenario de Aurelio Arturo
El sur para los nariñenses es un espacio que en cierto modo ha configurado su mundo y determinado su historia, su economía y su cultura, y le ha dado identidad.
El nariñense ha tenido fuertes vínculos con la tierra que explican su razón de existir. Su vida en diferentes formas, ha estado profundamente ligada a la naturaleza, al paisaje.
La literatura en Pasto y la región
El ensayo, la poesía, la narrativa en Pasto y la región han sido fundamentalmente rurales. Morada al sur, libro de poemas de Aurelio Arturo (La Unión, Nariño, 1906, Bogotá, 1974) se inscribe en ese mundo. Publicado en 1963, con él Arturo ganó el premio nacional de poesía Guillermo Valencia en 1965, realizado por Extensión Cultural del Ministerio de Educación Nacional. El jurado del concurso integrado por Rafael Maya, Carlos Arturo Caparroso y Rafael Torres Quintero destacó que el libro revelaba un "temperamento lírico y, en su conjunto ostenta virtudes poéticas acendradas en el crisol de una fina sensibilidad, siendo esto, la sensibilidad, la nota dominante en esos poemas”.
“.Morada al sur es una evocación nostálgica del sur, de la tierra: ...tierra, tierra dulce y suave/, torna, torna a esta tierra donde es dulce la vida/, de la naturaleza, del paisaje: trajimos sin pensarlo en el habla los valles/; del trabajo: trabajar era bueno en el sur, cortar los árboles, / hacer canoas de los troncos/ ir por los ríos en el sur, decir canciones/( Rapsodia de Saulo); de la relación del hombre con la naturaleza: Juan Gálvez, José Narváez, Olinto Sierra, como robles entre robles /Era grato, con vosotros cantar o maldecir, en los bosques/ Abatir avecillas como hojas del cielo; de la amada: Oyéndote desde lejos, aun de extremo a extremo/ oyéndote como una lluvia invisible, un rocío/ Sintiéndote en tus últimas palabras, alta /siempre al fondo de mis actos, de mis signos cordiales/ de mis gestos, mis silencios, mis palabras y pausas/(Interludio).
Evoca el Sur de Colombia, más específicamente La Unión, un pequeño pueblo situado al norte de Nariño, llamado antiguamente La Venta. Fundado en 1848 por su posición geográfica se convirtió en un lugar de tránsito o de reposo en el largo, accidentado y duro camino entre Pasto y Popayán. Allí nació y vivió su niñez y su adolescencia Arturo. Era muy joven cuando se trasladó a Bogotá donde hizo estudios de derecho y donde permanecería gran parte de su vida, salvo los años en que estuvo en los Estados Unidos en funciones diplomáticas, y en Pasto y Popayán como magistrado.
Su niñez y adolescencia debieron transcurrir entre la vida del pueblo, apacible, sencilla; la casa familiar, de estilo republicano, situada en la calle principal, en el centro, donde hoy tienen su sede los poderes civiles y eclesiásticos; la escuela y la finca El Aguacate, un lugar mágico, no muy lejos del pueblo. El nombre de la finca contrasta con la belleza del lugar.
Encuentro con Aurelio Arturo
Conocí a Aurelio Arturo en 1973 en Bogotá, un año antes de su muerte. El encuentro con él tuvo lugar en el café Victoria situado en Chapinero donde acostumbraba ver a sus amigos. La expectativa de conocerlo era inmensa. Se había anticipado a la hora convenida y esperaba la cita sentado junto a una mesa del café.
Tenía 64 años y aparentemente gozaba de buena salud. De aspecto taciturno, tímido, de piel blanca, de ojos verdes, era de mediana estatura, usaba gafas, gabardina, paraguas, sombrero y corbatín.
Tomamos café y dialogamos por espacio de dos horas, un poco ajenos a la música estridente de la radiola, al bullicio de las gentes que jugaban billar o hablaban animadamente en las mesas contiguas. El ambiente no era ideal para conversar pero en medio de todo preguntó cómo estaba Pasto y la región, y por algunos personajes. Recordó la época en que fue magistrado en Pasto y tuvo como colega a Guillermo Edmundo Chaves, autor de la novela Chambú, y dio clases de italiano en la Universidad de Nariño
Me contó que le gustaría volver a Pasto y visitar La Unión, su Morada. Pero el 23 de noviembre de 1974 el poeta emprendió viaje a la gran noche, como llama a la muerte Jorge Zalamea, que significó una gran pérdida para las letras colombianas.
No en vano el filósofo Danilo Cruz Vélez interpretó así su desaparición:" con la muerte de Aurelio Arturo el año pasado, se hunde por segunda vez en la sombra la promesa de un poeta colombiano de significación universal. La primera fue en 1896, año en el que muere Silva".
Hace esta consideración en una nota crítica sobre la importancia y significado de Morada al sur. Llama a ésta Morada de música, país del Sur, paraíso vivido en el pasado, perdido y recobrado mediante la palabra poética. En los poemas Palabra, Lluvias y Tambores, Danilo Cruz encuentra la "manera grande de su arte".
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