CRITICAS


               

Fueros y poder religioso en El Fariseo de Edgar Bastidas Urresty  
Por Joseph F. Vélez, profesor de Baylor university

Los fueros y privilegios que gozaban y abusaban los clérigos y administradores reales, como los comendadores, causaron enormes problemas en España primero y después en las colonias españolas del Nuevo Mundo. Estos abusos tan comunes durante los siglos de la colonia no terminaron con las guerras de independencia, sino que  siguen imperantes en algunas regiones del continente americano hasta la fecha.
A pesar de que estos fueros pertenecen al siglo XVI, algunos clérigos todavía los reclaman como suyos considerándolos vigentes,  y de hecho lo según la constitución de algunos países que declaran a la Iglesia Católica como la iglesia oficial. Pero ese hecho no autoriza a dichos clérigos a abusar de sus prerrogativas legales. Es claro que estos abusos son posibles por la aceptación, pasividad o indiferencia de la mayoría de la población de dichas regiones. Sin embargo, no sería justo descargar toda la culpa de esta situación sobre los hombros de los pueblos mestizos o, indígenas que son herederos de una tradición establecida por la predicación de una doctrina de aceptación del sufrimiento terrestre a cambio de la gloria celestial al fin de una vida de esclavitud.

El drama español Fuente Ovejuna denuncia el abuso de los fueros de que gozaba y abusaba el comendador y 1os habitantes incapaces de soportar más 1os excesos del gobernante decidieroon actuar en supropia defensa. Se recordará el resultado justiciero que ni el rey pudo castigar porque de hacerlo habría tenido que destruir toodo el poblado y eso no era conveniente desde el punto de vista económico y político.
Con respecto a Fuente Ovejuna, es preciso hacer dos observaciones a fin de establecer las diferencias que quizá sean obvias para algunos: por una parte el título sugiere un grupo de gente mansa, sumisa, aguantadora, siempre nacesitada de alguien que la guíe, al menos ése es el cuadro aparente. Sin embargo, llega el momento en que esta gente "ovejuna" deja de ser mansa y se rebela contra su agresor.
Por otra parte, esta rebelión es posible por la unidad de los ovejunos, por la homogeneidad racial y religiosa, y quizá hasta económica.

Desafortunadamente en Latinoamérica una acción igual, unida, como la acción de Fuente Ovejuna, no ha sido posible por varias razones, entre ellas, la desunión que siempre ha existido no sólo entre los varios países sino también dentro de ellos; y hay que añadir la falta de voluntad o decisión para deshacerse de los verdugos.
Otra razón bien puede atribuirse a la diversidad racial, étnica, dicen algunos, de modo que cada grupo, consciente o inconscientemente, procura obtener ventajas en cualquier situación para su grupo o para ciertos individuos, ya sea por afinidad racial, ideología, intereses políticos o económicos. La diversidad religiosa, que aumenta cada día puede ser otra razón, porque algunos grupos religiosos -no católicos- rehusan inmiscuirse en cuestiones políticas y causas públicas, en la creencia de que sus objetivos son espirituales y no son de este mundo.
Además, tal parece que los años de forzada sumisión han dejado gentes marcadas por siglos de servilismo, acostumbradas a obedecer ciegamente órdenes, por arbitrarias que sean y aguantar malos tratos con una actitud pasiva o de resignación, reforzada por los clérigos aliados a los intereses que mejor les convengan en un determinado momento.

Se mencionó la predicación de una doctrina de sumisión; a ésta hay que añadir el fervor religioso que se convirtió en un fanatismo comparable al que predominaba en la península ibérica durante la reconquista. Este fanatismo ha producido una ceguera intelectual que transforma a los creyentes en títeres manipulados por el director religioso que aprovecha tal condición para sus propios fines, incitándolos, no pocas veces, a cometer toda clase de violencia contra los objetos de su odio o aversión, que no pocas veces son los creyentes o practicantes de religiones minoritarias. Es bien sabido que los clérigos coloniales tenían autoridad eclesiástica y autoridad civil ya que representaban por igual tanto al rey español como al Papa y, quizá en su preocupación por representar eficientemente a estas autoridades terrestres se hayan olvidado de representar la autoridad divina con ecuanimidad.
Se ha hecho ya referencia al fanatismo; ahora una observación sobre el fanático mismo, ya sea subordinado o dominante. Marie Madeleine Gladieu dice que el fanático "está convencido de tener una misión que cumplir en este mundo, cambiar el orden vigente y salvar a la humanidad pecadora, cueste lo que cueste tal redención." (E. T.L. 11) No es raro que para lograr sus fines recurra a la crueldad, como dice Jorge Guebelly Ortega: "El practicar la crueldad genera efervacentes adhesiones, desaforados

aplausos, no importa si están soportados por el miedo. Es el motor de la historia y de la intrahistoria, del devenir colectivo y el personal." ( Tentativas de sacralidad, 117).
El fariseo, un tipo fanático, es el título que Bastidas da a su libro y que tomó de Ignacio Rodríguez quién creó ese personaje en su libro Tipos delincuentes del Quijote.
Para que el fanático pueda lograr sus propósitos, buenos o malos, de "purificación" necesita seguidores fanáticos como él que obedezcan sus órdenes sin preguntar y sin vacilaciones. Bastidas pinta un conjunto tan caricaturesco (16,17) como su guía a quien denominaban "la flaca vitola" (13), estos seguidores son manipulados para realizar los designios de su director espiritual, porque es en el terreno religioso donde el fanatismo adquiere mayores relieves, como lo demostró la Inquisición, en Europa primero y después en la América Latina.
El fanático espiritual tiende a ver un mundo dividido entre el bien y el mal.
No reconoce términos medios; es un maniqueísta moderno. Aprovecha su posición para guiar a las masas que, según él, son incapaces de distinguir entre el bien y el mal y por lo mismo necesitan alguien que las  conduzca o maneje.
El fanático, que en el tiempo de Jesucristo se llamaba fariseo, se considera infalible en sus juicios y se siente autorizado para poner la estampa de su visión del mundo en la sociedad inmediata y lo hace, generalmente, de una manera violenta, como lo hizo la Inquisición.
Todo lo que, en su opinión, sea contrario a la decencia moral y pureza espiritual en la sociedad debe ser destruido.
El escritor colombiano Edgar Bastidas Urresty se ocupa de un clérigo que "llegó a Pasto en 1953," (13) y reanudó la campaña, que había comenzado en Cartagena, contra todos los que no compartieran sus ideas, morales o religiosas, especialmente los evangélicos que en sus programas radiales "fueron las víctimas más propicias." (14) Unas palabras de introducción del escritor que nos ocupa: Edgar Bastidas Urresty es doctorado en filosofía por la Universidad de París VIII; profesor en la Universidad de Nariño desde 1971 hasta 1992 y en la Universidad Javeriana de Bogotá. Ha escrito Las guerras de Pasto (1979 y 1980), Grafismos (1983), Antología del cuento andino (1984), El Fariseo (1985), La violencia universal (1990), Meditaciones (1990), Avatares, cuentos (1992), (Escritores colombianos según ellos mismos, 51-55), Dos visiones sobre Bolívar (1999), Nariño Historia y Cultura(2000).

Retornando nuestro tema: el fariseo, como dice Bastidas, abusa de sus fueros para imponer su voluntad en la sociedad de Pasto, Colombia. Sus intervenciones directas o indirectas, citadas por Bastidas, son numerosas. Fácilmente se descrubren nueve ocasiones en las que intervino directamente o hizo promesas que estaba lejos de cumplir (23, 24). Unos cuantos ejemplos confirman lo dicho:
El fariseo (léase: fanático) acude a darle la extremaunción a un criminal que intentó escapar y fue herido gravemente por el detective que lo custodiaba, entonces aquél llama al agente "asesino," y cuando se abre el juicio, "el defensor con elocuencia y evidencia prueba la inocencia del procesado." (27) Bastidas añade que el defensor en dura réplica por la intromisión indebida llamó al fanático "ave negra." (27) El fariseo acusa a un médico de criminal por haber causado un aborto. Se abrió proceso contra el médico pero al fin éste fue absuelto por falta de evidencia (29, 30). El Fariseo actúa frecuentemente motivado por información incompleta o falsa, o equívoca (32). No parece tomar su tiempo para analizar las situaciones y asegurarse de tener la información correcta...

Meditaciones (1990), Avatares, cuentos (1992). (Escritores colombianos según ellos mismos, 51-55).
Retornando nuestro tema: el fariseo, como dice Bastidas, abusa de sus fueros para imponer su voluntad en la sociedad de Pasto, Colombia. Sus intervenciones directas o indirectas, citadas por Bastidas, son numerosas. Fácilmente se descrubren nueve ocasiones en las que intervino directamente o hizo promesas que estaba lejos de cumplir (23, 24). Unos cuantos ejemplos confirman lo dicho: El fariseo (léase: fanático) acude a darle la extremaunción aun criminal que intentó escapar y fue herido gravemente por el detective que lo custodiaba, entonces aquél llama al agente "asesino," y cuando se abre el juicio, "el defensor con elocuencia y evidencia prueba la inocencia del procesado." (27) Bastidas añade que el defensor en dura réplica por la intromisión indebida llamó al fanático "ave negra." (27) El fariseo acusa a un médico de criminal por haber causado un aborto. Se abrió proceso contra el médico pero al fin éste fue absuelto por falta de evidencia (29, 30). El Fariseo actúa frecuentemente motivado por información incompleta o falsa, o equívoca (32). No parece tomar su tiempo para analizar las situaciones y asegurarse de tener la información correcta.

Se constituye en autoridad moral, aunque en esta terreno está en suelo más firme, su impulsividad lo lleva a cometer errores de juicio: Acusó a Ignacio Rodríguez de "vivir en concubinato, de inmoralidad y de deshonrar con esa conducta a la Universidad y la ciudad" (32). Pero después que Rodríguez publicó su libro Tipos delincuentes del Quijote, por el cual "obtuvo en 1966 el premio internacional Isidro Bonsoms, otorgado por el Instituto de Estudios Catalanes de Barcelona (37) y a la muerte de Rodríguez y los honores que se le rindieron "en el paraninfo de la Universidad de Nariño (37)y las "Honras fúnebres que se celebraron en la catedral (37)"el Fariseo publicaría el libro Perfiles nariñenses de antaño del escritor desaparecido" (37). Así se aprecia mejor la hipocresía de este fanático convenenciero.

El Fariseo intentó el chantaje en la persona de otro escritor, Emilio Bastidas, pero fracasó por el rechazo indignado y la prudencia de éste que evitaron que el delito se consumara y el agresor fuera demandado penalmente (41, 42). En otra ocasión amenazó con emplear el arma infalible en manos de los curas, la excomunión, contra el gobernador de Nariño por considerarlo demasiado liberal en su política (44).
 
Sería muy largo citar más ejemplos de intervención del Fariseo; sinembargo, algunos pueden resumirse en unas pocas frases que lo caracterizan:ataca toda idea que huela a liberal (70). Cuando un Jesuita predica alegría por la resurrección durante la Semana Santa, el Fariseo y el obispo (a quien el Fariseo maneja a su gusto) lo obligan a salir de Pasto (73). El Fariseo  ataca sin hacer distinción, el comunismo, la pornografía y la teología de la liberación (72, 82, 83) ; el cine mexicano por ofrecer películas pornográficas (84) ; la libertad de prensa (88); se opone al progreso y prefiere el feudalismo (96); aprueba la pobreza de los indios mientras que las misiones (y misioneros)se enriquecen (102, 103) y ejerce sin escrúpulos la simonía este siervo de Dios (106-107, 110).
La publicación de este libro, El fariseo, trajo a su autor varios problemas: se le acusó de detractor, término que él niega por su significado negativo e infamante (Entrevista inédita) y añade que "El libro pretendía denunciar la violación de los derechos humanos" (Entrevista inédita). Bastidas dice: "El escándalo fue mayúsculo, temí una reacción violenta que afectaría mi seguridad y la de mi familia. Recibí llamadas telefónicas amenazantes e insultos de articulistas del periódico local paradójicamnte llamado El Derecho (entrevista inédita).

Lo positivo de este escándalo fue que el libro se agotó y se requirió una segunda edición, con algunas adiciones, entre las que se cuenta un prólogo de la escritora costarricense Alicia Miranda Hevia.
El libro denuncia los atropellos de un clérigo fanático en Pasto, Colombia, pero bien podríamos preguntarnos: ¿Han superado los países hispanoamericanos este tipo de personajes retrógrados que se ocultan o se amparan detrás de la doctrina cristiana para cometer toda clase de abusos y arbitrariedades apoyados con frecuencia por las autoridades civiles locales? ¿ Permiten todavía los pueblos americanos el abuso de quienes debían servir y guiar en el terreno espiritual en vez de explotar la credulidad de los que ciegamente se dejan conducir y manipular? Este libro suena el toque de alarma ante una situación que debiera desaparecer del continente americano y del mundo entero. Es un llamado a respetar los derechos humanos de toda persona.

Bibliografía:
Bastidas Urresty, Edgar. El fariseo, 2a. edición. Pasto, Colombia: Ediciones libres, 1985.
Entrevista a Bastidas, s. f.
Gladieu, Marie Madeleine. "Fe, utopía y fanatismo: El enfoque unilateral de la realidad, La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa." Explicación de Textos Literarios. Número Especial sobre Mario Vargas Llosa, un infatigable narrador. Vol. XXV, No.2, 1996-97.
Guebelly Ortega, Jorge. Tentativas de sacralidad, Visión humanística del poema "Tierra de Promisión" de José Eustasio Rivera. Santafé de Bogotá: Trilce Editores. Universidad I Surcolombiana, 1997.
Vélez, Joseph F. Escritores colombianos según ellos mismos. Santafé de Bogotá, Colombia: Thalassa Editores, 1996.

 


d

CONCIENCIA REGIONAL E IDENTIDAD CULTURAL

Un día cualquiera del año 2002, cuando un nuevo encuentro con Edgar Bastidas Urresty dependía prácticamente de las bondades  del azar, en mi cubículo postal apareció un libro sobre Samuel Beckett, Naipul, Deleuze, Jack Kerouac, García Márquez, James Joyce, entre otros. Lo leí con verdadero entusiasmo, no sólo por saber que el animador de la Fundación Testimonio continuaba en plena actividad intelectual sino también por descubrir que en su memoria seguían presentes aquellos dos únicos textos que alguna vez escribí con el propósito de contribuir al desconcierto general.  Ambos textos y la sensación que deja la lectura de los  libros “Nariño: historia y cultura” y “Lecturas secretas”, constituyen  primicias de lo que en el país se conoce como identidad cultural, algo que los corifeos de la globalización podrían borrar de una vez por todas si las palabras de Martí sobre  el predominio de los territorios fundadores no significaran algo similar a ese concepto de  universalidad formulado por el realismo europeo de  finales del siglo XIX.
  Para los escritores colombianos que alguna vez tuvimos la suerte  de entrar en contacto con la cultura del departamento de Nariño, el itinerario de Edgar Bastidas Urresty  está asociado a la solidaridad intelectual, a la historia de Colombia y a una irrestricta vocación por la literatura, sensibilidad profunda, herencia y memoria en el sentido que Proust concedía a sus propios personajes. Y si la lectura es recuerdo vivo en la mente de los hombres, cada texto del autor nariñense es un  encuentro con los valores fundamentales de su tierra, como queda indicado en  aquellos comentarios que ahora intento rescatar del olvido.

1. Conciencia regional (1984)
 
  Pocas veces la preocupación por los asuntos regionales adquiere características tan definidas como en el sur del país. Después de Las guerras de Pasto, la mira crítica de Edgar Bastidas Urresty se ha dirigido hacia el entorno de su tierra como un conjunto de factores que determinan la conciencia actual del nariñense, su integración y su búsqueda de otros horizontes más prometedores para el desarrollo económico, cultural y social de la región. Ahora, con el fin de entregar a los lectores una muestra de eso que ha dado en llamar “Conciencia regional”, él ha reunido, bajo el título de Grafismos, una serie de textos que lo comprometen en esa búsqueda de identidad que trasciende lo puramente provincial, coloquial o familiar, para situarse en el plano de los valores universales, si por universalidad entendemos la posibilidad de afrontar con un sentido crítico los espacios en blanco de una historia violentada por elementos interesados más en la profundización de la crisis que en elevar el nivel social de las comunidades. Trabajando sobre dos tendencias que se correlacionan mutuamente, la histórica y la literaria, el autor plantea una visión objetiva de hombres y situaciones que han hecho la historia real del departamento de Nariño. Así, el enfoque de la novela de Guillermo Edmundo Chaves, Chambú, se perfila como la conciencia de lo americano en tanto en ella coexisten de manera conflictiva los procesos del mestizaje y la lucha indígena por la recuperación de las tierras. Lo positivo de este enfoque sobre la realidad histórico-literaria de la región es —pues para muchos el valor de los muertos está inscrito en la conciencia del olvido— el modo indiscriminado como el autor va registrando en su inventario los hechos más relevantes de quienes de una u otra manera dejaron testimonio vivo de su “actitud” ante las circunstancias sociales del momento. Tal es, como ejemplo ilustrativo, la evocación afortunada del poeta Aurelio Arturo, quien según la nota “no se resignaba a ver a su departamento convertido en la Cenicienta de Colombia por culpa de su clase dirigente, y auguraba un mejor destino para Nariño”. Pequeños indicios, en fin, que adelantaban un malestar que con el tiempo se ha ido generalizando hasta socavar nuestra conciencia provincial, conciencia de la “pequeñez material” para sacar adelante los cambios requeridos por los nuevos tiempos en los diversos niveles de lo espiritual. Frente al grado de asimilación de una subcultura de superhéroes que reproduce la violencia en sus manifestaciones más atrasadas, la conciencia regional ha de servir para estimular el avance y reafirmar la identidad de una cultura todavía en contradicción con el orden establecido.
  Aunque el texto de Bastidas Urresty no mantiene la unidad temática por tratarse de una recopilación de escritos que a su debido tiempo fueron dados a conocer en los suplementos literarios, cada uno de ellos conserva una perspectiva, una unidad de criterio, un interés especial. Las tres partes estructurantes (literatura, entrevistas y traducciones) obligan a una lectura de sobresaltos en la que es preciso pasar de lo regional a lo universal y viceversa, siempre con la intención cíclica del autor que prefiere una explicación de los diversos fenómenos paseando al lector por los diferentes estadios del pensamiento. Se trata, en lo que a las traducciones se refiere, de presentar versiones de escritores europeos sobre la literatura moderna, así como la influencia de la literatura latinoamericana en el continente. Mathilde La Bardonnie, sobre todo, explica las implicaciones de esta literatura para el desarrollo de la novela española, en circunstancias históricas y políticas cuyo origen se remonta a los años de la guerra. María Antonietta Macciocchi y el crimen político planeado por los traficantes del atraso y en el que Passolini perdiera la vida, más otros tantos intelectuales europeos que viven y piensan en medio de la inmensa crisis del mundo contemporáneo, hacen de las traducciones un principio de acercamiento entre dos mundos separados por barreras económicas, sociales y culturales.
  En la parte periodística sobresale, sin duda, el ensayo sobre la libertad de expresión. Aquí el autor desplaza su mirada hacia la libertad creadora, eludiendo el aspecto político o volviendo a él sólo como punto de referencia para esgrimir la categoría histórica de los personajes como exponentes de un mundo en permanente choque, gestor a su vez de concepciones tan diversas pero que permitían medir en términos cualitativos la evolución del pensamiento universal. Esta libertad como fuerza expresiva de una época se opone al dogma de la restricción, anacronismo que impulsa y promueve la indiferencia y la enajenación en todos los ámbitos de la vida social. La historia de la humanidad abunda en situaciones en las que el individuo avanza sobre su propio desarrollo al tiempo que contribuye a la evolución del engranaje social, pero este avance sólo ha sido posible en la medida en que la experiencia humana ha estado sometida a juicios de valoración, pues como lo explica Carl Schmitt en La tiranía de los valores, en cuanto aparece el valor se hace necesario un cambio específico de pensamiento. Y dicho cambio surge como una constante diametralmente opuesta a los caprichos del dogma, ensanchando el horizonte libre y trazando delineamientos claros al camino de la historia. Siguiendo la huella del pensamiento universal, el autor vuelve a la realidad histórica en curso para formular la síntesis de su reflexión: “La ignorancia, las guerras civiles, todo el gran problema colombiano y latinoamericano a través de un siglo de frustraciones”. Sobre las auténticas aspiraciones de hombres y pueblos, contra el paso de la barbarie a la civilización, las cadenas psicológicas de que hablara Erich Fromm en el Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, se cierran sobre las mentes con pretensiones de destrucción, autodestrucción y barbarie. Pero por encima de la colonia y la neocolonia, el hombre rastrea su pasado en saga inevitable de lo terrígeno y lo autóctono, en procura del Popol Vuh americano, en síntesis: en pos de todo aquello que nos caracteriza en el conjunto de pueblos y culturas. Si en la época antigua la historia, la filosofía, el teatro, la poesía y la ciencia tuvieron como epónimos a hombres que aún hoy sorprenden por sus obras, ¿por qué no puede haber en la situación latinoamericana actual un marco de libertad que dé vía libre a la carga de emociones y pensamientos humanos? La respuesta hay que buscarla en la relación concreta del hombre con su medio, en la violencia como rechazo al hombre colectivo y en la razón como apertura universalmente concebida. Y esa relación es, por consiguiente, algo todavía más doloroso que la muerte, pues se trata, en el caso particularísimo de nuestro ser actual, de la propagación de una vida sin memoria, o con la memoria hipnopédica de la automatización como en la novela de Huxley. De ahí la necesidad identificadora e individualizadora de los procesos locales, nacionales y continentales, procesos vitales y liberadores.
  Si se tratara de encontrar el punto medular de Grafismos, el centro neurálgico de la moderna expresión espiritual que nos ocupa, ahí tendríamos el caso de la libertad creadora, que es el tema literario por antonomasia. Tal el verso africanista de Medhi Missaoui: “la espera retumba y deviene la esperanza”.

2. Del sínodo medieval al reino de los fariseos (1985)

     El héroe cristiano es siempre Jacob en lucha con el ángel; el santo impugna la voluntad divina aunque sea para someterse a ella de modo más completo.

                                                J.P. Sartre.

  Thomas Mann escribió cierta vez que resulta  menos complicado desplazarse por una pista de baile que abordar el tema del matrimonio. Cosa similar podría decirse de la norma religiosa cuya transgresión fue obra de impíos y hechiceros que desde siempre se sintieron inclinados por la magia y el rito. Y a pesar  de que ningún enunciado puede poner en duda los aportes del humanismo cristiano en sus mejores épocas,  los falsos profetas sobreviven a los terremotos como deteriorados fósiles de animales prehistóricos.
  Hay que confesar que la lectura del último libro de Edgar Bastidas Urresty deja un extraño sabor a inconformismo. Poco a poco van aflorando a nuestra conciencia viejas discusiones con los ídolos monacales que, en el momento de nuestros ímpetus juveniles, estaban siempre listos a practicar la incisión en esa parte del espíritu afectada por la rebeldía. Se nos tildaba de ateos y marxistas por el solo hecho de buscar un camino de ruptura con un viejo orden en el que advertíamos verdades ilusorias agonizando en el ánimo filisteo de los maestros, cuando en realidad queríamos volar al mundo de la imaginación desde un ideal apenas embrionario. Sería preciso  dejar pasar el tiempo para descubrir que la reacción interior no obedecía tanto a la destrucción de la divinidad como a la supervivencia de métodos represivos basados en el aniquilamiento espiritual.
  Hasta qué punto esa realidad obnubilante ahonda la crisis que se vive en la actualidad, es el tema fundamental de "El fariseo". La cuestión interesa porque se trata de un texto contestatario en el que se pone de manifiesto el espíritu monopolista que anima el espacio cultural en la provincia, pero el hecho bien puede extenderse a las grandes ciudades. La diferencia consiste en que los mecanismos de apropiación no provienen de la conciencia enfermiza de determinado monarca de la cultura sino de un núcleo bien definido de traficantes de influencias enquistado en la maquinaria del poder. De momento cabe reflexionar en torno a la pregunta: ¿ se desperdicia el escritor cuando decide arrancar la máscara a los sanedrines de la cultura? No lo creemos. El hecho de que algunos intelectuales guarden un prolongado silencio ante la violencia espiritual que toca con la esencia misma de su identidad, propiciando en la práctica la permanencia de un orden hostil a la dinámica creadora de la vida, hace más evidente la necesidad del compromiso. Y puesto que el escritor está irremediablemente ligado al proceso de una época, en un aquí y un ahora de constantes motivaciones, tampoco tendrá mas alternativa que la de impregnar su propio medio de lucidez crítica y arrasar de paso con los vestigios de atraso que aún subsisten en la mentalidad de ciertos personajes. Obviamente que esta "actitud crítica" hará poner en guardia a toda esa tropa de fantoches acostumbrada a legislar sobre cada hecho de nuestra vida, pero entonces el problema no será ya del escritor como de quienes a nombre de una supuesta inteligencia concitan al estancamiento individual.
  Por fortuna El fariseo no quedó del todo en la oscuridad. Algunas voces se levantaron, alguna mueca de indignación o de falsa comprensión se dibujó en algunos rostros. Lo lamentable es que en un país donde la cultura expresa la prepotencia de las minorías acomodadas la reflexión crítica sea tomada más como un acto terrorista que como un modo de sugerir cambios substanciales en la problemática de nuestro tiempo. Decir crítica es decir destrucción, condenación eterna, blasfemia contra los poderes divinos. Y así ocurre, en efecto, en lo que concierne al ejercicio de una practica social, sea cual sea su naturaleza doctrinaria. Pero en lo que respecta al fenómeno de la cultura, hay quienes pretenden desconocer la eficacia de una posición crítica aun desde los postulados más habilidosos en el rigor de las ideas. Los argumentos que se escuchan en ciertas instancias de la política —la militancia ingenua jamás entenderá la razón de ser de todo aquello que no redunde en beneficio de su credo—, parten de considerar al intelectual y al escritor como entes sospechosos, no funcionales para determinados intereses asociativos y por ese mismo hecho deben ser condenados a una forma de opresión en la que el silencio será la principal arma en su contra. Nada se esgrime para combatir flagelos tan nocivos como la ignorancia profesional, la burocracia cultural o los rezagos de tendencias espiritualmente dominantes "que se creían ya extintas". La esfera oficial, mal que bien, intenta presentar una imagen en perspectiva del llamado patrimonio artístico-cultural, pero aquí la palabra escrita, necesariamente crítica y renovadora, aparece desdibujada por el rol administrativo. De hecho, en lo que compete a la argumentación política, la obra del escritor no es útil, no arroja resultados inmediatos ni se emparenta con ideales maniqueos.
  Y ello contribuye a que su labor sea mas difícil de lo que se piensa, pues no dejará de ser paradójico el hecho de que determinadas concepciones que ya tenían una cierta validez universal hace doscientos años, por ejemplo, en  labios del escritor actual se conviertan en piedra de escándalo. Y eso, por lo visto, es lo que ha ocurrido con El fariseo. Un escándalo, por  demás fenomenal, que le valió mas enemigos que amigos a quien tuvo el valor civil de cuestionar una realidad en el estrecho marco de su provincia. Después de todo en nuestra condición de "país provincial" abundan las coincidencias y las referencias particulares acaban por convertirse en reflexiones necesarias sobre los perfiles de una cultura parasitaria.
  En este libro asistimos a la reconstrucción de un personaje de la Edad Media reencarnado en un falso profeta de la época de los desamparados. El cura Alvarez, quien al parecer olvidó que la inquisición desapareció definitivamente en 1834, después del triunfo de los revolucionarios liberales. Mediante una prosa entre histórica y periodística, el autor va mostrando las distintas facetas del protagonista: fanatismo, excomunión a los medios informativos, persecución política, represión artística, literaria, etc. En síntesis, un modelo clínico cuyos efectos naturales ningún escritor medianamente crítico estará en condiciones de soslayar. Algo de eso había adelantado Nietzsche a propósito de los castigos a los condenados herejes.
  Ojalá este libro de Bastidas Urresty sirva para  prevenir un mal que, de no ser esclarecido, nos llevaría a todos al brasero.

 

 

3. Identidad y cultura (1999-2002)

  ¿Cómo avanzar en la búsqueda de identidad en condiciones tan adversas como las que se vive hoy en nuestro país? Si los depositarios de la aldea global pretenden eliminar aquellos rasgos que han hecho viable el surgimiento de la literatura —por extensión de todas las literaturas—, ¿cómo explicar esta búsqueda desesperada por superar los conflictos? En “Nariño: historia y cultura”, Bastidas Urresty traza los derroteros que justifican y contextualizan el territorio suereño. Desde sus antecedentes hasta sus inicios,  desde sus encuentros hasta  sus avatares,  cada paso de la historia de Nariño es el descubrimiento de una parte  insoslayable de nuestra nacionalidad. Herederos de los Quillacingas, los nariñenses cuentan hoy con un hermano mayor en las letras colombianas: el poeta Aurelio Arturo, que  es como decir paisaje, canción de lejanías, patria libre de falsa retórica o  “Un hombre viejo al sur contando historias”, según leemos en el poema Rapsodia de Saulo. Entre pincelada y memoria, entre acción y encantamiento, Arturo nos entrega un lugar donde la palabra es encuentro y nacimiento:

“Trajimos sin pensarlo en el habla los valles,
los ríos, su resbalante rumor abriendo noches,
un silencio que picotean los verdes paisajes,
un silencio cruzado por un ave delgada como hoja..
Mas los que no volvieron viven más hondamente,
Los muertos viven en nuestras canciones.

   ¿Qué mejor acercamiento a la entraña del país que la memoria? Cuando repetimos con el poeta “Los muertos viven en nuestras canciones”, sentimos el llamado del compromiso en la indagación por los que fueron y serán, por los que permanecen y aún pueden trascender en la creación genuina. Y como identidad es todo lo vivo que nos va quedando, el texto de Bastidas Urresty es un rastreo por la música, la escultura, la arquitectura, la historia y la literatura de su departamento. Viajero con su tierra, el autor nos recuerda que hubo aquí una literatura de transición que hunde sus raíces en la tranquilidad solariega y en el conflicto social, la misma que deberá renovarse durante el siglo XX y aun durante los años iniciales del presente siglo, como bien lo señala en “Lecturas secretas”, un libro destinado a ratificar su magisterio por la literatura, donde continúa con la tarea de revelar los momentos y las alternativas de la producción literaria nariñense.  Pasado y presente, hallazgo y fundación, tal el ciclo intelectual y la postura de este nariñense, cuyas obras nos devuelven algo de lo que fuimos,  mucho de lo que somos y una puerta siempre abierta a un futuro posible. Como Aurelio Arturo, Bastidas aporta su Morada en “Ensoñaciones” (2003), opúsculo sobre el amor trascendido, cuando el poema, ya depurado del sentimentalismo ingenuo con que las corrientes pseudorrománticas marcaron la escritura poética de siglos anteriores, acude a diversos temas para definirlos a pinceladas, en la variante misma de la experiencia vivida: “Orquestación del bosque/ susurro de hojas/ canto de aves,/ música, vuelo de hadas./ Viento apacible/ rumor del agua/ profusión del verde./ Aurora de rosados dedos/ y formas fantásticas,/ horizontes del ensueño/ País mágico,/ infancia recobrada”. Infancia, morada, País, son aquí categorías indistintas, complemento de lo reservado a una madurez dispuesta al goce de la visión estética.

 

 

José Martínez Sánchez, Aguadas Caldas, Colombia, 1955.
Poeta, narrador y ensayista, premiado y seleccionado en varios concursos nacionales de cuento. Premio nacional de cuento Fundación Testimonio (1984), premio nacional de literatura infantil (1990), mención de honor en el certamen internacional de cuento del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos de Nueva York (1998). Ha publicado los libros Las pequeñas desdichas, novela (1988). Canción de soledad, cuentos (1999), Palabras del apóstata, poesía (1999) y Alguien Ahí en la oscuridad, cuentos (2003)

 

Lecturas secretas, un manantial de cultura

                                                                Por Hernando  Cabarcas Antequera*

Deja hoy Édgar Bastidas entre nuestras manos, como si fuera un fruto o una flor, estas Lecturas secretas que son particularmente atractivas por sus palabras deleitables y sugerentes. No podría elogiar este libro sin comenzar por agradecerle al escritor toda su dedicación y entusiasmo para ordenar estas lecturas en las cuales se mezclan los archivos de la memoria y la vida de los recuerdos. Porque él introduce en los artículos y reflexiones de estas páginas buena parte de lo que sabe y de lo que siente sobre los premios Nobel de literatura, sobre varios poetas, escritores y pensadores europeos, así como unas muy lúcidas precisiones sobre el ensayo, la literatura en Nariño, la poesía, y la narrativa más reciente.
Con mucha curiosidad me aproximé a estas Lecturas secretas para ver qué podía aclarar del, para mí, misterio de sus hojas y de su autor. Y puedo expresar ahora que a través de estas 160 páginas se accede a un manantial de cultura contemporánea, de ideas, de belleza y de nobles inquietudes.
Fijar la vista en estas Lecturas secretas es conversar con el autor. Es decir, es tener contacto con la prudencia de la historia, con la espiritualidad de los poetas y con la sutileza y profundidad de la filosofía, de tal forma que queda el lector dispuesto para un diálogo sensible, crítico e inteligente con el mundo y con los otros.
Aquí está, pues, este libro que por su título nos propone un enigma que podemos suponer como indescifrable, pero que sílaba a sílaba nos va revelando los secretos de una cuidadosa escritura, fundamentada en la libertad de la literatura que satisface nuestra existencia y estimula sentimientos generosos.
El autor caracterizó la poesía de Aurelio Arturo como "íntima y entrañable". Me parece que estas Lecturas secretas se pueden valorar de la misma manera, como "íntimas y entrañables", porque, de una forma discreta y silenciosa, nos descubren aspectos ocultos de la cultura que también, como el Sur del que procede Édgar Bastidas, "hacen más dulce la Vida".
 

*Hernando Cabarcas es investigador, profesor de literatura española en la universidad de los Andes de Bogotá y Gerente de literatura del Instituto de Cultura de Turismo de Bogotá.