EL FARISEO

 


dEl Fariseo, crónica social e histórica sobre un religioso que adquiere poder y riquezas, que comete abusos e interviene en la vida pública y privada. Es tan desmesurado que parece de ficción. Medellín. Ed. Libres. 2ª. ed. 1988. 149 p.

Precio: $10.000. US$ 5

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  • SIMONIAS II

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    El Seminario Conciliar de San Juan era una majestuosa edificación neocolonial conventual española construida a finales del siglo XIX en el centro de San Juan. Tenía anchos y largos corredores, grandes y altos salones, patios rectangulares, arcos de medio punto, columnas toscanas y dóricas y un portal toscano.
    Durante setenta años fue un importante centro de estudios eclesiásticos de la región sur occidental del país hasta que el obispo decidió ordenar su demolición.
    Antes le había pedido dispensa al Papa en estos términos: - Su Santidad: mi intención es efectuar negociaciones con una sociedad constructora para levantar un conjunto comercial, profesional y habitacional -. Y agregaba: - Con este negocio la Diócesis busca un aporte al desarrollo de la ciudad, la justa remuneración al clero y alguna obra significativa en beneficio de los pobres de la Diócesis -.
    No se conoció una respuesta oficial pero el obispo no tardó en formar "Una Sociedad Constructora" con un capital inicial de $15'000.000 de pesos de los cuales la Diócesis aportó el 50% y sus socios, una firma de ingenieros y arquitectos entre los que se encontraba un sobrino del obispo, otro tanto.
    Los terrenos donde se levantó del Seminario habían sido adquiridos por la Diócesis por prescripción de dominio y por sentencia del Tribunal. El presidente del Tribunal, un hombre de mediana estatura, de rostro cetrino, de nariz prominente, y reputado jurista dictaminó públicamente:  - Los obispos son sucesores de los apóstoles y por institución divina están colocados al frente de las iglesias peculiares que las gobiernan con potestad ordinaria, bajo la autoridad del sumo Pontífice -.
    El Fariseo celebró la decisión como si se tratase de algo suyo y de la voluntad divina, y en  un tono exaltado y triunfal dijo: - Imparto mi bendición a los magistrados y al proyecto, porque es benéfico y tiene la aprobación de Roma-. Y ordenó que la sentencia se repitiera en la radio permanentemente.
    La demolición del Seminario comenzó una madrugada fría en medio de repiques de campanas, de música celestial que repercutían en toda la ciudad. Pero la solemnidad del momento contrastaba con el ruido de los trabajos y las amenazas para la seguridad de los vecinos y peatones del sector. Reinó la confusión hasta que se supo la verdadera causa de la turbación.
    No todos la aceptaron de buena gana y a algunos les causó extrañeza, repudio e indignación de ver cómo desaparecía una de las últimas y más valiosas obras de la arquitectura neocolonial de San Juan y del país.
    Habían transcurrido dos meses de la desaparición del Seminario cuando la ciudad conoció un escándalo insólito y mayúsculo.
    Hernando Ruiz y Sara Ordóñez, dos de los socios del obispo fueron denunciados por una estafa colosal que se calculó inicialmente en $240'000.000. Tenían una especie de Banco privado que recibía préstamos y pagaba intereses hasta por un 10% mensual.
    Aparentemente el capital prestado era invertido en construcciones inmobiliarias en San Juan y en otras ciudades, pero la magnitud de la usura lo condujo a la quiebra. Muchos abogados, otros profesionales, comerciantes y empleados oficiales perdieron sus ahorros y sus cesantías. Ni siquiera el obispo y el Fariseo se libraron de la estafa en la creencia de que habían hecho unos préstamos muy rentables.
    Y lo peor fue que los responsables desaparecieron misteriosamente y sus bienes habían sido vendidos o transferidos a sus familiares.
    Una carta clandestina de Sara Ordóñez que circuló a los pocos días del escándalo y prometía el reintegro de los dineros a los defraudados fue recibida con incredulidad y estos procedieron a una demanda judicial.
    Seis meses después un Juzgado Civil ordenó el embargo y secuestro de las acciones y derechos que los demandados tenían en la empresa constructora.
    A los pocos días el obispo, muy frío y vanidoso, en una ceremonia pública  y solemne procedió a inaugurar el Centro Comercial. Habló con una voz cascada, a veces entrecortada, para decir: - Este es el gran aporte de la Diócesis al progreso material y espiritual de la ciudad- , y celebró una misa de consagración y de gratitud dedicadas al Papa.
    El Centro Comercial es una construcción de diseño híbrido que mezcla confusamente estilos de diversas épocas. Pórticos y arcadas romanas alternan con elementos renacentistas. La armazón moderna de concreto tiene apariencia clásica en una deficiente envoltura de ladrillo que interpreta equivocadamente el postmodernismo norteamericano. 
    El conjunto es frío, monótono y rompe violentamente con las edificaciones de arquitectura republicana del contorno y contrasta con el plano y la perspectiva de la plaza principal.

     

LA RAIZ  DE TODO MAL
Por Alicia Miranda Hevia

 

  • En Colombia, a pesar de sus convulsiones políticas y de los sangrientos dramas que se conjuran para castigarla, se da una rica y diversa producción intelectual. Entre las obras de reciente aparición ha despertado gran interés "El Fariseo", de Edgar Bastidas Urresty.
    Doctor en filosofía por la Universidad de París, y profesor de la Universidad de Nariño, el autor se ha distinguido por su actividad en la cultura. Ha publicado Las guerras de Pasto (1079) y Grafismos (1983), además de Antología del cuento andino (1984).
    El Fariseo es una obra excepcional. Prosa histórica, ni ensayo ni novela, gira en torno a un personaje real, aunque tan desmesurado que parece de ficción.
    El texto de Bastidas Urresty arranca del epígrafe de otro libro, Tipos delincuentes del Quijote, de Ignacio Rodríguez Guerrero. Entre abos se declara una fraternidad textual y un cruce de referencias. La selección no es casual, ya que Ignacio Rodríguez Guerrero, humanista nariñense, sufrió en carne propia la persecución del fariseo.
    Este personaje llegó a Pasto en 1953. Había sido expulsado del puesto que ocupaba antes en Cartagena. La transgresión y los rumores ya habían anudado un halo sombrío alrededor de su cabeza.
    Con el tiempo estableció en Pasto una red de instituciones, al principio religiosas. Muchas devinieron comerciales.
    La evidente habilidad del fariseo para acumular posesiones corrió pareja con una creciente influencia sobre la comunidad, que por aislada guardaba características de tiempos pretéritos.
    No dejan de ser consistentes los actos del fariseo. En general, sigue una auténtica vocación de inquisidor redivivo para oponerse a lo que signifique innovación, justicia, conocimiento, o simple labor de Estado.
    La pulsión de muerte no respeta límites. Tan pronto la dirige contra su hermano sacerdote como contra el progreso campesino, la libertad de cultos, o la innovación artística que quiera refrescar la aridez de la provincia.
    La vida privada, a la que renuncia el sacerdote para seguir a Cristo, también es objeto de persecución, como si destruyendo la intimidad de otros lograra resarcirse del propio sacrificio.
    Los ataques a políticos, profesores universitarios e intelectuales se hacen de muchas maneras: con difamación y chantaje, revelando intimidades con presiones y mordazas.
    Todos los casos que Edgar Bastidas recoge en El Fariseo son reales y están sólidamente documentados.
    Algunos de los protagonistas de estas calladas tragedias lograron salir incólumes. Otros pagaron caro y tuvieron que salir para siempre de Pasto.
    El narrador conduce hábilmente la narración, sin perder el tono sereno con que acumula fechas, datos y nombres para recrear el detalle de cada suceso.
    La imparcialidad de la actitud expositiva hace reaccionar al lector. Impresiona darse cuenta de cuántas existencias han sido retorcidas por esa inexplicable furia, ese inagotable afán de perseguir y cercenar el pensamiento, la acción, la vida.   
    Surgen tantas preguntas. ¿ Por qué, para qué tantas víctimas? ¿De dónde nace tanto poder? ¿Qué derecho y qué justicia asisten a éste que se cree oficiante del Ungido? ¿Adónde puede trazarse el límite entre el bien y el mal?
    La fuerza del libro de Bastidas Urresty reside en la evocación de terrores de la Inquisición que se creían extinguidos. Se abre ante el lector una encrucijada que lo lleva a la introspección y al cuidadoso análisis de los problemas. La crónica produce una refrescante indignación.
    Quien lee El Fariseo recuerda constantemente la palabra de Cristo en los Evangelios: otro valor de esta obra, que por tal sesgo asociativo se acerca a la tradición ética occidental.
    Terminada la lectura, queda en la memoria un versículo de Marcos: "Es más fácil a un camello pasar por el hondón de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos".
    San José, Costa Rica, octubre de 1987  

     UN PERSONAJE UNIVERSAL

    Ha sido grato y sorprendente leer los artículos periodísticos sobre mi libro El Fariseo, con motivo de los diez años de su salida, el de Jaime Enríquez Sansón, en especial, publicado en el Diario del Sur.
    Sorprendente, porque excepto algunos artículos de prensa de aprobación o de rechazo del libro, sobre él cayó un manto de silencio, más no de olvido por las pruebas de supervivencia que ha dado.
    En el interior del país, sin embargo, el libro despertó un gran interés y fue muy comentado. Escritores como Gustavo Alvarez Gardeazábal en El Colombiano, de Medellín, Germán Vargas en El Heraldo, de Barranquilla, Alvaro Bejarano en El País, de Cali, Isaías Peña Gutiérrez y José Luis Díaz Granados en Lecturas Dominicales de El Tiempo, Alvaro Quiroga en el Magazín Dominical de El Espectador, Fernando Ayala Poveda en Hojas Universitarias de la Universidad Central, José Martínez Sánchez, y sobre todo, Alicia Miranda Hevia, escritora costarricense y autora del prólogo a la segunda edición, se ocuparon del libro.
    Alvarez Gardeazábal, lo señala como "El mitológico personaje", Germán Vargas, lo considera "nefando para la ciudad", Alvaro Bejarano lo coloca en el Breviario de podredumbre" de Cioran, Isaías Peña indica que al autor del libro se pasó lo mismo que al precursor Nariño en Pasto, José Luis Díaz Granados habla de "la increíble y triste historia de un falso cura", Alvaro Quiroga dice que el libro "construye la historia crítica de la región", Fernando Ayala, que "se constituye en una de las memorias de nuestra historia clandestina". José Martínez se refiere al "sínodo medieval y al reino de los fariseos". 
    El reconocimiento internacional más notable ha sido la ponencia Fueros y poder religioso en El fariseo de Edgar Bastidas, del profesor y escritor Joseph F. Vélez de Baylor University, presentada en California State University.
    El libro fue presentado en las Universidades de Nariño y de Antioquia por los profesores Alvaro León Perico y Luis Iván Bedoya, respectivamente. Alvaro León lo hizo en el Paraninfo universitario ante una audiencia expectante y emotiva. En actitud casi mística leyó pasajes de la Biblia y dijo:  "El Fariseo es la fuerza de la denuncia ".
    Curiosamente a la misma hora, el obispo de Pasto celebraba  en la plaza de Nariño, a dos cuadras de la Universidad, una misa para conjurar los malos espíritus.
    Luis Iván Bedoya afirmó que el Fariseo es un personaje universal, observación que compartieron los escritores cubanos Manuel Cofiño y Armando Cristóbal, presentes en el acto de Medellín.
    Un libro que trata temas sagrados, profanos, sobre un personaje vivo, investido de gran poder e influencia y que denuncia los abusos que ha cometido tenía que ser rechazado y prohibido y su autor condenado y anatematizado.
    Surgieron las mil caras y los pecados del personaje: de simonías, de violación de los derechos humanos: el derecho a la privacidad, a la libertad de pensamiento, de expresión, de acción; los pecados de calumniador, encubridor,  hipócrita. De defensor de causas feudales, de interferencia en la justicia..
    Se le hizo un juicio imparcial basado en declaraciones, confesiones y documentos para evitar equívocos. Reaparecieron las voces y quejas airadas, el dolor de muchas víctimas, el clamor de justicia en este mundo y el fin de la impunidad...
    La condena fue unánime: para esta vida, dada su condición de religioso que lo salvaba de la ley penal, se le impuso una sanción moral. Para el más allá, la introducción de su cuerpo en el tercer foso del octavo círculo de Infierno por el tráfico de cosas sagradas.
    Se configuró un personaje tan desmesurado y anacrónico que parece de ficción, ideal para una novela.
    La índole del personaje, los casos que a manera de pequeños o grandes escándalos protagonizó, el carácter tradicionalista de la sociedad en que tuvieron lugar, lo convirtieron en un libro prohibido pero de aceptación en medios progresistas. Prohibido como lo fueron las novelas Sima, de Alfonso Alexander, Gritaba la noche de Juan Alvarez Garzón, cuyo título inicial La Bucheliy la historia que cuenta, motivaron su incineración pública por orden de un gobernador, en 1960. 
    Es curioso conocer las impresiones sobre el libro de personajes ajenos al medio de Pasto.
    Armando Silva, semiólogo y profesor de la Universidad Nacional, por ejemplo, creía que se trataba de una novela por la omnipresencia del personaje, su papel protagónico  y la continuidad de las historias.
    Creo que de la primera a la segunda edición se ha dado el paso de lo real a lo imaginario, aunque predomine la realidad.

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