Ensayos. Sobre un contexto histórico da una visión del proceso de la cultura en Nariño en sus diversas formas, ilustrado con fotografías a color. La geografía, el paisaje, el arte, la literatura, la arquitectura, la música, la leyenda, el juego, la danza, la artesanía, el habla, la cocina regional, las coplas, le han dado al nariñense una sicología, una identidad cultural. Bogotá. Ed. Testimonio. 1999. 158 p.
Precio: $20.000. US$ 10
INTRODUCCION
En 1994 fui invitado a Ipiales a dar una conferencia sobre el Departamento de Nariño con motivo de cumplirse los 90 años de su fundación. La honrosa como gentil invitación por parte de Jorge Luis Piedrahíta, autor de dos libros de carácter histórico y entonces Contralor de Ipiales, me permitió volver sobre ese importante acontecimiento y explicarlo ante un auditorio atento y selecto.
En 1996 con algunas innovaciones hablé sobre el mismo tema en la Fundación "Ferrero" en Bogotá para que se conociera no sólo la fundación de Nariño sino aspectos de su historia cultural y empezó a tomar cuerpo este libro.
Historia y cultura son los dos grandes ejes constitutivos de este libro, que explican el proceso de creación del Departamento, su desarrollo, los valores y tradiciones de la sociedad que lo conforman como una forma de identidad.
Por no haber surgido un ex nihilo era necesario darle un marco histórico, conocer los orígenes del proceso, sus autores, sus vicisitudes y la etapa final.
El arte, la literatura, los mitos, leyendas, el folklor, las coplas, el habla regional, la música, las fiestas, los juegos, danzas, usos y costumbres, los trajes típicos, las artesanías, la cocina regional, los autores de esta creación prodigiosa, hacen parte de la cultura, de la historia de un pueblo y le dan fisonomía y personalidad.
La casa, la morada, el espacio público creados por el arquitecto determinan la vida privada y pública, un estilo, unas formas de vida, y tienen un significado en cada etapa de la historia.
Un capítulo especial del libro, basado en un estudio científico de Servio Tulio Caicedo, que merece reeditarse, está dedicado a la psicología del nariñense y da muchas luces sobre su personalidad.
Aunque el libro no incluye otras expresiones de la cultura en Nariño y algunas de las tratadas no se hacen en extensión, creo haber logrado una visión de conjunto de los fines propuestos.
Quiero expresar mi gratitud al doctor Augusto Ortíz y al músico y compositor Noro Bastidas por la información que me proporcionaron, de gran utilidad para algunos capítulos de este libro.
II. EL ARTE PRECOLOMBINO
El arte de las culturas precolombinas de Nariño sólo es conocido por un número muy limitado de investigadores, coleccionistas y aficionados, que le reconocen un alto valor artístico. Está representado por objetos de orfebrería, de madera, collares, estatuaria y sobre todo por piezas de cerámica.
La cultura de Nariño, según la antropóloga María Victoria Uribe, está formada por los complejos Capulí, localizado en territorio de Ipiales, Las Cruces y la Victoria y pertenece al siglo XII a. de J.C.; por el llamado “Piartal-Tuza (siglos VIII y XVI d. de J.C) que ocupó el Valle del Chota y gran parte de la provincia del Charchi en El Ecuador, hasta el altiplano de Ipiales y partes de los valles del Guáitara y de Pasto, y finalmente por el Quillacinga colonial, situado en la valle de Atriz y sus alrededores.
En el Capulí se destacan los motivos geométricos como “las grecas, las mallas, las cruces‘, las figuras de cargadores, las copas dobles y triples, y los “coqueros‘, representados por figuras atropomorfas masculinas y por mujeres sentadas.
El complejo Piartal-Tuza se desarrolla en dos fases diferenciadas en cuanto a asentamientos, poblamientos y trabajos agrícolas.
La sociedad Piartal estaba organizada en pequeños poblados, muy distantes unos de otros y en jerarquías. Esta organización se deduce por la forma en que estaban colocadas las tumbas: en el centro del poblado yacían restos de los caciques acompañados de objetos de cerámica, de metal, caracoles de mar, “cuentas de “Spondylus‘´, textiles de pelo de llama y de algodón y objetos tallados en madera de chonta como bancos, macnas, lanzadardos e implementos de tela"6, y en la periferia las tumbas individuales de la gente del común o “comuneros´‘ a poca profundidad y sin ofrenda, ni cerámica, ni textiles.
La cerámica Piartal está representada por cuencos o platos con base anular, ánforas o botijuelas, vasijas globulares y ocarinas.
La Tuza es una etapa en la evolución de la Piartal, que tuvo mayor territorio y población y desarrolló un sistema de adecuación de tierrras (terrazas) para la producción agrícola, sobre todo en las vertientes del cañón del Guáitara. Los bohíos (vivienda) de los Tuza están hechos de tapia pisada y situados y escalonados en laderas de suave inclinación. La cerámica es inicialmente de uso doméstico y luego funerario, no se diferencia notablemente de la Piartal, es figurativa e ilustra quehaceres cotidianos.
María Victoria Uribe llama colonial a la cultura Quillacinga por ser contemporánea de la época colonial española. Estuvo situada en el valle de Atríz y sus alrededores y su cerámica está compuesta por “vasijas globulares y semiglobulares decoradas por caritas triangulares modeladas a partir del borde de la vasija, con dos brazos en ángulo sobre el cuerpo”.7
El diseño gráfico, la complejidad en la composición, de gran valor artístico colocan a la cerámica de Nariño en un lugar muy destacado entre las culturas precolombinas de América. El diseño es geométrico, abstracto o figurativo.
La cultura Tumaco
Esta cultura se sitúa entre el siglo III a. de J.C y el XIII d. de J.C. y tuvo su hábitat en el litoral pacífico nariñense, cuyo centro principal fue el actual municipio de Tumaco y sus alrededores, muy análoga a la llamada cultura Tolita al norte de Ecuador.
El arqueólogo francés Jean François Bouchard cree que es de origen chorroide y procede del norte ecuatoriano; el investigador Llanos le atribuye un origen Melano-Polinésico y Julio César Cubillos y Gerardo Reichel-Dolmatoff una procedencia mesoamericana.
Sobresale por el arte de los ceramistas y los textiles. La cerámica por su plasticidad, expresividad y movimiento.
Edgar Emilio Rodriguez Bastidas, en su libro Fauna precolombina de Nariño, dice que en los vestigios de esta cultura se encuentra la “representación de costumbres, ritos, utensilios, enfermedades, viviendas e incluso edades entre otras facetas-donde además la fauna ocupa un lugar preponderante‘8
6 URIBE, María Victoria. Arte de la Tierra, Nariño p. 11
8 RODRIGUEZ BASTIDAS, Edgar Emilio. Fauna Precolombina de Nariño. P. 22
|