LA VIOLENCIA UNIVERSAL

 


dEnsayos. La violencia se presenta como una constante  universal en la historia humana. En Colombia se ha manifestado en diversos períodos. Los escritores y artistas no podían ser ajenos a ella e interpretan el fenómeno.

TODA LA VIOLENCIA
Por Isaías Peña Gutiérrez

El final de una gran obra griega, de las menos violentas entre las obras clásicas, La Odisea, se desvanece en el conato de una nueva guerra que los dioses impiden, después que Odiseo ha dado muerte, en el palacio, a todos los desvengonzados pretendientes de su paciente esposa.
Eso que está contado al principio de los tiempos, aun antes de las fábulas bíblicas – entre ellas la de Caían y Abel – es ya la condensación de la contradictoria historia del género humano, cuyo proceso no conocemos por fuera de sus enfrentamientos mortales, sus efímeras paces y sus paradójicos progresos.
En Colombia, a partir de 1948 comenzamos a llamar “la violencia” a un período penoso para el país, pero no más penoso que los – ya olvidados – de las guerras civiles declaradas, anteriores. En Latinoamérica, a raíz de las dictaduras militares, el mundo se acostumbró a imputarnos una violencia singular, como si hubiéramos tenido la exclusividad de ella, ignorando lo que en Europa – entre las más cercanas – fue la violencia del nazismo y el fascismo.
El hombre se asombra de cada violencia; como si acabara de conocerla, le da su nombre; se la apropia y juega con ella. De manera increíble – por fortuna, porque esta falta de memoria le permite sobrevivir con una esperanza que parecía perdida -, vuelve a empezar con renovada violencia. No pareciera ser, en este sentido, la historia humana un solo continuo; muchas historias, repetidas, las mismas y distintas, en tal forma que el hombre no logra impedir su repetición. Si existiera su memoria, si los movimientos de su sociedad no se repitieran, si fuera la misma historia, el hombre no se desangraría. Pero en medio de la inmensidad del cosmos, esa partícula que es el hombre, con su vista recortada por los dioses – como dice el Popol Vuh – poco alcanza a ver de su pasado que, por lo general, todos han llorado.
Mientras se aproximan a ese futuro, al principio todos ríen. Y entre la risa y la muerte, esa partícula, el hombre, avanza por un universo que no por propio continúa siendo ajeno. Dolorosa peregrinación por entre los cadáveres, así sin esperanzas, buscando a los culpables en un tiempo sin perdón y lleno de remordimientos.
Esa historia ecuménica ha tratado de recoger Édgar Bastidas Urresty a partir de la literatura universal y regional, del cine y la filosofía, de la sociología y la política. Este es su testimonio como habitante del país “más” violento de la tierra, en busca de los autores de la propiedad que jamás ha tenido hombre alguno.